EL TRÉBOL DE CUATRO HOJAS ES TU SEMBLANTE
El trébol de cuatro hojas,
quebró hoy, su sino se destruyó,
cuál cruel destino le espera en este camino sin fin ni retorno alguno.
El trébol de cuatro hojas,
cuál truncada suerte,
por el ayer más perdido y olvidado.
El trébol de cuatro hojas,
me lo regaló la mano vecina de la fortuna más querida,
por mi mala suerte, acostada en aquel rincón de esta vida malgastada.
El trébol de cuatro hojas,
se rompió una muy elegantemente,
y quedaron tres, mas aquel infortunio se repetía una y otra vez.
El trébol de cuatro hojas,
a la espera de uno nuevo me encuentro aún,
un hada rosa me explica de donde proviene la suerte anhelada.
Es una palabra bien alegre o bien triste, según se mire...
depende de la misma vida, sin elección por nuestra conciencia,
varios destinos se cruzan de vez en cuando, del centro emanan las rosas rojas.
Otros tréboles llegarán, hazme caso, por favor,
la suerte existe siempre, la buena y la mala,
cuando se aproxima el hada mala, la más perversa, se debe combatir con este conjuro memorizado.
El trébol de cuatro hojas,
llega cuando se sabe cambiar el lado oscuro,
al mundo del arco iris de la buena felicidad.
Tú, eres el trébol de cuatro hojas
y el hada rosa que te aconseja día a día,
todo depende de la estima que aguarda en tu memoria y corazón rojo.
jueves, 16 de octubre de 2014
jueves, 9 de octubre de 2014
CREATIVE POEM
(I put a Gadget of Google translator.)
EL MONTE DEL PERDÓN
El monte del perdón,
nos espera hoy, aguarda nuestra amargada presencia,
la llegada será antes de la luz del alba.
El monte del perdón,
un minuto para evadir mi tormento más cruel,
aire limpio que saca mis pensamientos más puros.
El monte del perdón,
la introspección más silenciosa y necesitada,
el viaje interior hacia la más profunda duda existencial.
El monte del perdón,
lugar para limpiar mi consciencia más sucia y dolida,
regreso con un nuevo despertar, con el pensamiento de un nuevo atardecer.
Adiós, monte del perdón,
regresaré mañana o al otro día,
siempre estará ahí, cual guardián de mis conflictos confundidos.
EL MONTE DEL PERDÓN
El monte del perdón,
nos espera hoy, aguarda nuestra amargada presencia,
la llegada será antes de la luz del alba.
El monte del perdón,
un minuto para evadir mi tormento más cruel,
aire limpio que saca mis pensamientos más puros.
El monte del perdón,
la introspección más silenciosa y necesitada,
el viaje interior hacia la más profunda duda existencial.
El monte del perdón,
lugar para limpiar mi consciencia más sucia y dolida,
regreso con un nuevo despertar, con el pensamiento de un nuevo atardecer.
Adiós, monte del perdón,
regresaré mañana o al otro día,
siempre estará ahí, cual guardián de mis conflictos confundidos.
POEMA CREATIVO
EL MONTE DEL PERDÓN
El monte del perdón,
nos espera hoy, aguarda nuestra amargada presencia,
la llegada será antes de la luz del alba.
El monte del perdón,
un minuto para evadir mi tormento más cruel,
aire limpio que saca mis pensamientos más puros.
El monte del perdón,
la introspección más silenciosa y necesitada,
el viaje interior hacia la más profunda duda existencial.
El monte del perdón,
lugar para limpiar mi consciencia más sucia y dolida,
regreso con un nuevo despertar, con el pensamiento de un nuevo atardecer.
Adiós, monte del perdón,
regresaré mañana o al otro día,
siempre estará ahí, cual guardián de mis conflictos confundidos.
El monte del perdón,
nos espera hoy, aguarda nuestra amargada presencia,
la llegada será antes de la luz del alba.
El monte del perdón,
un minuto para evadir mi tormento más cruel,
aire limpio que saca mis pensamientos más puros.
El monte del perdón,
la introspección más silenciosa y necesitada,
el viaje interior hacia la más profunda duda existencial.
El monte del perdón,
lugar para limpiar mi consciencia más sucia y dolida,
regreso con un nuevo despertar, con el pensamiento de un nuevo atardecer.
Adiós, monte del perdón,
regresaré mañana o al otro día,
siempre estará ahí, cual guardián de mis conflictos confundidos.
lunes, 6 de octubre de 2014
CREATIVE POEM
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EL SABLE DEL PODER Y DE LA CODICIA
Un saludo al aire con el sable,
aquel caballero se prepara para la lucha,
el contrincante es también igual que él, muy fuerte y muy galán...
Un saludo al aire con el sable,
el duelo de estos dos nobles dormidos va a comenzar...
el trofeo es ser el gran General, la muerte, el precio de esta inútil turbia batalla.
Un saludo al aire con el sable,
el duelo de los caballeros andantes con miedo a no ser nadie mañana,
el combate durará hasta la caída, sucia y sin piedad, del guante blanco más negruzco.
Un saludo al aire con el sable,
la bella hija del poder de la desidia mira con sus ojos más tiernos y tristes,
la otra, la malvada heredera, disfruta de tan fatídico desenlace.
Al final del combate de la codicia más noble,
uno de ellos morirá y será enterrado al alba más oscuro y tenebroso,
cuál cruel destino para aquel hombre, valiente y tan alto...
Un saludo al aire con el sable,
ha terminado ya la batalla...
un luto callado por sus compañeros, los caballeros del poder trampeado.
La risa de aquel niño se pierde para siempre en el horizonte más lejano,
el ganador, deja su sable en el suelo, se arrodilla y reza por el alma de su amigo,
cuál cruel realidad, cuál nobleza más sucia y más turbia.
EL SABLE DEL PODER Y DE LA CODICIA
Un saludo al aire con el sable,
aquel caballero se prepara para la lucha,
el contrincante es también igual que él, muy fuerte y muy galán...
Un saludo al aire con el sable,
el duelo de estos dos nobles dormidos va a comenzar...
el trofeo es ser el gran General, la muerte, el precio de esta inútil turbia batalla.
Un saludo al aire con el sable,
el duelo de los caballeros andantes con miedo a no ser nadie mañana,
el combate durará hasta la caída, sucia y sin piedad, del guante blanco más negruzco.
Un saludo al aire con el sable,
la bella hija del poder de la desidia mira con sus ojos más tiernos y tristes,
la otra, la malvada heredera, disfruta de tan fatídico desenlace.
Al final del combate de la codicia más noble,
uno de ellos morirá y será enterrado al alba más oscuro y tenebroso,
cuál cruel destino para aquel hombre, valiente y tan alto...
Un saludo al aire con el sable,
ha terminado ya la batalla...
un luto callado por sus compañeros, los caballeros del poder trampeado.
La risa de aquel niño se pierde para siempre en el horizonte más lejano,
el ganador, deja su sable en el suelo, se arrodilla y reza por el alma de su amigo,
cuál cruel realidad, cuál nobleza más sucia y más turbia.
POEMA CREATIVO
EL SABLE DEL PODER Y DE LA CODICIA
Un saludo al aire con el sable,
aquel caballero se prepara para la lucha,
el contrincante es también igual que él, muy fuerte y muy galán...
Un saludo al aire con el sable,
el duelo de estos dos nobles dormidos va a comenzar...
el trofeo es ser el gran General, la muerte, el precio de esta inútil turbia batalla.
Un saludo al aire con el sable,
el duelo de los caballeros andantes con miedo a no ser nadie mañana,
el combate durará hasta la caída, sucia y sin piedad, del guante blanco más negruzco.
Un saludo al aire con el sable,
la bella hija del poder de la desidia mira con sus ojos más tiernos y tristes,
la otra, la malvada heredera, disfruta de tan fatídico desenlace.
Al final del combate de la codicia más noble,
uno de ellos morirá y será enterrado al alba más oscuro y tenebroso,
cuál cruel destino para aquel hombre, valiente y tan alto...
Un saludo al aire con el sable,
ha terminado ya la batalla...
un luto callado por sus compañeros, los caballeros del poder trampeado.
La risa de aquel niño se pierde para siempre en el horizonte más lejano,
el ganador, deja su sable en el suelo, se arrodilla y reza por el alma de su amigo,
cuál cruel realidad, cuál nobleza más sucia y más turbia.
Un saludo al aire con el sable,
aquel caballero se prepara para la lucha,
el contrincante es también igual que él, muy fuerte y muy galán...
Un saludo al aire con el sable,
el duelo de estos dos nobles dormidos va a comenzar...
el trofeo es ser el gran General, la muerte, el precio de esta inútil turbia batalla.
Un saludo al aire con el sable,
el duelo de los caballeros andantes con miedo a no ser nadie mañana,
el combate durará hasta la caída, sucia y sin piedad, del guante blanco más negruzco.
Un saludo al aire con el sable,
la bella hija del poder de la desidia mira con sus ojos más tiernos y tristes,
la otra, la malvada heredera, disfruta de tan fatídico desenlace.
Al final del combate de la codicia más noble,
uno de ellos morirá y será enterrado al alba más oscuro y tenebroso,
cuál cruel destino para aquel hombre, valiente y tan alto...
Un saludo al aire con el sable,
ha terminado ya la batalla...
un luto callado por sus compañeros, los caballeros del poder trampeado.
La risa de aquel niño se pierde para siempre en el horizonte más lejano,
el ganador, deja su sable en el suelo, se arrodilla y reza por el alma de su amigo,
cuál cruel realidad, cuál nobleza más sucia y más turbia.
miércoles, 1 de octubre de 2014
CREATIVE POEM
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EL AGUA DEL JARRÓN DABA VIDA AL BUEN ALMA
El agua del jarrón
daba de beber aquella joven flor,
al lado, en la alcoba, dormía la pequeña niña.
El agua del jarrón
daba vida aquel aroma de cariño y dulce amor,
la niña crecía extremadamente feliz.
El agua del jarrón
era vertido cada mañana,
una señora lo llenaba al alba del tardío amanecer.
Mientras la niña observaba
aquel paisaje de amor
y la flor crecía y crecía.
Un día, el jarrón dejó de llenarse...
había fallecido aquella ancianita,
tiernamente cerró los ojos, parecía dormida.
Y la niña miraba siempre a la flor triste y cabizbaja,
la flor empezó a marchitar,
llegó la lectura del amargo y fúnebre testamento.
Todo era para su afligida familia,
se leyeron los últimos antojos forzados de la ancianita,
a la pequeña niña, le dejó una misión.
Le dejó la jarrita
y la mandó llenar el jarrón con agua cada alba,
al despertar, la dijo su abuelita, que sentiría su último beso.
El agua del jarrón
volvió a dar vida y ese aroma al amor perdido y añorado,
la flor resucitó y poco a poco volvió a ser la misma.
El agua del jarrón
era la memoria de la abuelita ausente,
la niña lo llenaba con el anhelo de resucitar a su ancianita.
Aquella niña creció y se hizo muy mayor
y la flor seguía viviendo en su jarrón de débil cristal,
pero se mudó a otro lugar, la plantó en un jardín cercano.
Todos los días,
en ese pasado alegre lugar,
llovía y llovía sin cesar.
El agua de las nubes,
caía del cielo donde vivía la abuelita,
daba vida y luz a la florecita.
No había Primavera,
no había Verano,
siempre llovía estancados en la estación del recuerdo inolvidable.
Aquella niña, que ya era mamá,
regresó una mañana, cuando caía el alba
y sacó la florecita del césped.
La plantó en la tumba del alma más tierna,
aquel ángel nunca murió,
y protegió a la frágil rica inocencia.
La luz regresó a ese lugar
sombrado por el agua que daba de beber a la flor
que nunca más se marchitó al amparo de la dulce y buena abuelita.
EL AGUA DEL JARRÓN DABA VIDA AL BUEN ALMA
El agua del jarrón
daba de beber aquella joven flor,
al lado, en la alcoba, dormía la pequeña niña.
El agua del jarrón
daba vida aquel aroma de cariño y dulce amor,
la niña crecía extremadamente feliz.
El agua del jarrón
era vertido cada mañana,
una señora lo llenaba al alba del tardío amanecer.
Mientras la niña observaba
aquel paisaje de amor
y la flor crecía y crecía.
Un día, el jarrón dejó de llenarse...
había fallecido aquella ancianita,
tiernamente cerró los ojos, parecía dormida.
Y la niña miraba siempre a la flor triste y cabizbaja,
la flor empezó a marchitar,
llegó la lectura del amargo y fúnebre testamento.
Todo era para su afligida familia,
se leyeron los últimos antojos forzados de la ancianita,
a la pequeña niña, le dejó una misión.
Le dejó la jarrita
y la mandó llenar el jarrón con agua cada alba,
al despertar, la dijo su abuelita, que sentiría su último beso.
El agua del jarrón
volvió a dar vida y ese aroma al amor perdido y añorado,
la flor resucitó y poco a poco volvió a ser la misma.
El agua del jarrón
era la memoria de la abuelita ausente,
la niña lo llenaba con el anhelo de resucitar a su ancianita.
Aquella niña creció y se hizo muy mayor
y la flor seguía viviendo en su jarrón de débil cristal,
pero se mudó a otro lugar, la plantó en un jardín cercano.
Todos los días,
en ese pasado alegre lugar,
llovía y llovía sin cesar.
El agua de las nubes,
caía del cielo donde vivía la abuelita,
daba vida y luz a la florecita.
No había Primavera,
no había Verano,
siempre llovía estancados en la estación del recuerdo inolvidable.
Aquella niña, que ya era mamá,
regresó una mañana, cuando caía el alba
y sacó la florecita del césped.
La plantó en la tumba del alma más tierna,
aquel ángel nunca murió,
y protegió a la frágil rica inocencia.
La luz regresó a ese lugar
sombrado por el agua que daba de beber a la flor
que nunca más se marchitó al amparo de la dulce y buena abuelita.
POEMA CREATIVO
EL AGUA DEL JARRÓN DABA VIDA AL BUEN ALMA
El agua del jarrón
daba de beber aquella joven flor,
al lado, en la alcoba, dormía la pequeña niña.
El agua del jarrón
daba vida aquel aroma de cariño y dulce amor,
la niña crecía extremadamente feliz.
El agua del jarrón
era vertido cada mañana,
una señora lo llenaba al alba del tardío amanecer.
Mientras la niña observaba
aquel paisaje de amor
y la flor crecía y crecía.
Un día, el jarrón dejó de llenarse...
había fallecido aquella ancianita,
tiernamente cerró los ojos, parecía dormida.
Y la niña miraba siempre a la flor triste y cabizbaja,
la flor empezó a marchitar,
llegó la lectura del amargo y fúnebre testamento.
Todo era para su afligida familia,
se leyeron los últimos antojos forzados de la ancianita,
a la pequeña niña, le dejó una misión.
Le dejó la jarrita
y la mandó llenar el jarrón con agua cada alba,
al despertar, la dijo su abuelita, que sentiría su último beso.
El agua del jarrón
volvió a dar vida y ese aroma al amor perdido y añorado,
la flor resucitó y poco a poco volvió a ser la misma.
El agua del jarrón
era la memoria de la abuelita ausente,
la niña lo llenaba con el anhelo de resucitar a su ancianita.
Aquella niña creció y se hizo muy mayor
y la flor seguía viviendo en su jarrón de débil cristal,
pero se mudó a otro lugar, la plantó en un jardín cercano.
Todos los días,
en ese pasado alegre lugar,
llovía y llovía sin cesar.
El agua de las nubes,
caía del cielo donde vivía la abuelita,
daba vida y luz a la florecita.
No había Primavera,
no había Verano,
siempre llovía estancados en la estación del recuerdo inolvidable.
Aquella niña, que ya era mamá,
regresó una mañana, cuando caía el alba
y sacó la florecita del césped.
La plantó en la tumba del alma más tierna,
aquel ángel nunca murió,
y protegió a la frágil rica inocencia.
La luz regresó a ese lugar
sombrado por el agua que daba de beber a la flor
que nunca más se marchitó al amparo de la dulce y buena abuelita.
El agua del jarrón
daba de beber aquella joven flor,
al lado, en la alcoba, dormía la pequeña niña.
El agua del jarrón
daba vida aquel aroma de cariño y dulce amor,
la niña crecía extremadamente feliz.
El agua del jarrón
era vertido cada mañana,
una señora lo llenaba al alba del tardío amanecer.
Mientras la niña observaba
aquel paisaje de amor
y la flor crecía y crecía.
Un día, el jarrón dejó de llenarse...
había fallecido aquella ancianita,
tiernamente cerró los ojos, parecía dormida.
Y la niña miraba siempre a la flor triste y cabizbaja,
la flor empezó a marchitar,
llegó la lectura del amargo y fúnebre testamento.
Todo era para su afligida familia,
se leyeron los últimos antojos forzados de la ancianita,
a la pequeña niña, le dejó una misión.
Le dejó la jarrita
y la mandó llenar el jarrón con agua cada alba,
al despertar, la dijo su abuelita, que sentiría su último beso.
El agua del jarrón
volvió a dar vida y ese aroma al amor perdido y añorado,
la flor resucitó y poco a poco volvió a ser la misma.
El agua del jarrón
era la memoria de la abuelita ausente,
la niña lo llenaba con el anhelo de resucitar a su ancianita.
Aquella niña creció y se hizo muy mayor
y la flor seguía viviendo en su jarrón de débil cristal,
pero se mudó a otro lugar, la plantó en un jardín cercano.
Todos los días,
en ese pasado alegre lugar,
llovía y llovía sin cesar.
El agua de las nubes,
caía del cielo donde vivía la abuelita,
daba vida y luz a la florecita.
No había Primavera,
no había Verano,
siempre llovía estancados en la estación del recuerdo inolvidable.
Aquella niña, que ya era mamá,
regresó una mañana, cuando caía el alba
y sacó la florecita del césped.
La plantó en la tumba del alma más tierna,
aquel ángel nunca murió,
y protegió a la frágil rica inocencia.
La luz regresó a ese lugar
sombrado por el agua que daba de beber a la flor
que nunca más se marchitó al amparo de la dulce y buena abuelita.
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