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domingo, 27 de abril de 2014

POEM

(I put a Gadget of Google translator.)


EL VELERO Y EL MAR SE MECEN Y BAILAN CON UNA TREGUA, SI EL CIELO LO QUIERE


El velero surcó el mar,
el agua estaba tranquila,

el velero se quedó a la deriva.

El capitán no lo tripulaba,
el aire lo movía, el agua estaba tranquila
y mecía y daba sosiego al velero.

Todo era armonía,
pues el agua estaba en paz
y no quería guerra.

Y el velero sólo quería dialogar
con el agua del mar
y el dialogo era tranquilo.

El baile del mar y del velero era al unísono,
sonaba la música del agua,
y el velero se mecía al compás.

El velero sólo se mecía,
y el agua lo movía,
zis – zas y todo era paz y armonía.

El cielo no quería tregua,
decía que el mar era suyo,
y provocaba grandes tormentas.

Truenos y rayos caían
y el mar se embravecía,
el agua enloquecía.

Y el velero perdía el control,
luchaba con fuerza contra el mar,
habían perdido su amistad.

Se acabó la paz
entre el mar y el velero
y su tregua se rompió.

El mar se defendía muy bravo del velero
y el velero surcó a pulso sus aguas,
pudo regresar a puerto.

Las amarras del velero se postraron en el mástil
a la espera de la calma de las aguas
y a una nueva tregua.

Al cielo no le gustaba el enamoramiento,
entre el mar y el precioso velero,
se tenía que mecer con cuidado para no crear tempestades.

Cuando las nubes se levantaban y salía tímidamente el Sol,
el velero podía salir, al fin, a alta mar
y poder navegar meciéndose una y otra vez.

Y volver a surcar el mar,
que tanto apreciaba y buscar la tranquilidad y paz
que anhelaba en las agua tranquilas.

Esas aguas que hacían mecer al velero en un son de armonía,
mientras el cielo aguardaba la espera de nuevas lluvias
y grandes tormentas y romper, así, el baile entre el mar y el velero.